Científicos de la UGR desarrollan un método para medir el estrés en niños de cuatro y cinco años

Los investigadores han validado un juego de laboratorio que permite identificar la respuesta fisiológica al estrés y abre nuevas vías para prevenir futuros problemas de salud mental

Redacción  |  9 de septiembre de 2026
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Científicos de la Universidad de Granada (UGR) han validado una tarea de laboratorio diseñada para estudiar la respuesta al estrés en niños y niñas de cuatro y cinco años, una etapa en la que hasta ahora resultaba especialmente complejo medir este tipo de reacción.

El trabajo ha sido desarrollado por investigadores del proyecto "Gestastress-Childstress", pertenecientes al Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la UGR, y pretende mejorar el conocimiento sobre los efectos que puede tener el estrés durante la infancia.

 

Aunque este problema se asocia habitualmente a la población adulta, los investigadores recuerdan que también está presente entre los más pequeños y que, cuando alcanza determinados niveles, puede aumentar su vulnerabilidad psicológica.

"No solo permite comprender mejor los problemas de conducta en la infancia, sino también avanzar en la prevención de dificultades de salud mental en la adolescencia y la vida adulta", explican el investigador Miguel Ángel Baos González y la catedrática de Psicología María Isabel Peralta Ramírez.

El reto de medir el estrés en edad preescolar

Desde hace años existen métodos para analizar la respuesta al estrés en bebés, que suelen reaccionar ante la separación de sus padres. También se dispone de protocolos aplicables desde los siete años hasta la edad adulta, basados, entre otros factores, en situaciones en las que las personas sienten que están siendo evaluadas o juzgadas.

Sin embargo, la etapa preescolar presentaba una dificultad específica.

"Las niñas y niños en esta etapa ya no se estresan simplemente por ser separados de sus padres, pero tampoco tienen la capacidad de razonamiento para llegar a sentir estrés frente a los mismos estímulos complejos que quienes están en edad escolar o adolescente. Por ello, era necesario encontrar una forma efectiva de generar estrés en esa edad para poder medirlo y trabajarlo", detallan los investigadores.

Un juego de animales diseñado para provocar frustración

La solución se ha encontrado mediante una tarea de reactividad basada en el protocolo SRTP (Stress Reactivity Task for Preschoolers).

El procedimiento consiste en un juego de clasificación de animales en el que los pequeños deben unir diferentes imanes de colores con el animal correspondiente antes de que finalice el tiempo marcado por un semáforo.

La actividad se presenta inicialmente como muy sencilla y se explica a los participantes que otros niños incluso más pequeños son capaces de completarla, generando así una sensación de evaluación social.

El problema es que, durante los primeros intentos, el juego está diseñado para que resulte imposible terminarlo dentro del tiempo establecido.

"El juego es injusto, ya que en los primeros intentos es imposible completarlo a tiempo, lo que genera frustración y el pensamiento de 'no voy a ser capaz de lograrlo'", explica Miguel Ángel Baos.

Después de varios intentos fallidos y cuando los investigadores han podido provocar una respuesta de estrés moderada, se comunica a los pequeños que el semáforo estaba averiado y se sustituye por otro que funciona correctamente.

A partir de ese momento, los niños pueden completar la actividad dentro del tiempo establecido y reciben además un juguete como premio. De esta forma, terminan la experiencia satisfechos mientras los científicos han podido analizar previamente cómo reaccionó su organismo ante la situación de frustración.

Seis muestras de saliva para medir la respuesta

Para estudiar en profundidad esta reacción, los investigadores recogen seis muestras de saliva antes y después de realizar la tarea.

Estas muestras permiten analizar dos marcadores biológicos relacionados con el estrés: el cortisol, conocido como la hormona del estrés, y la alfa-amilasa, una enzima utilizada como indicador de la actividad del sistema nervioso simpático.

"Los biomarcadores de estrés aumentan tras la aplicación de la tarea. La respuesta fisiológica generada por este protocolo permite evaluar su interacción con variables clave como el neurodesarrollo, los problemas de conducta o los estilos educativos parentales", señala María Isabel Peralta.

Los investigadores consideran que la adaptación y validación de este protocolo en España abre nuevas posibilidades para estudiar el estrés durante la edad preescolar y analizar su relación con el desarrollo de los niños.

A largo plazo, este conocimiento podría contribuir al diseño de estrategias de prevención de problemas de salud mental durante la infancia, la adolescencia y la edad adulta.

 
 
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