Un estudio con participación de la UGR vincula una mejor forma física con un menor riesgo de depresión y demencia

La investigación, publicada en Nature Mental Health, concluye que una mayor capacidad cardiorrespiratoria reduce hasta un 39% el riesgo de desarrollar trastornos neurocognitivos y mentales

Redacción  |  15 de julio de 2026
Un hombre realiza ejercicio físico al aire libre
Un hombre realiza ejercicio físico al aire libre

Un estudio internacional publicado en la revista científica Nature Mental Health y en el que ha participado la Universidad de Granada (UGR) concluye que mantener una buena condición física cardiorrespiratoria está asociado a un menor riesgo de desarrollar diversos trastornos mentales y neurocognitivos, como la depresión, la demencia o los trastornos psicóticos.

La investigación ha contado con la participación del catedrático de la UGR Francisco Ortega Porcel, del Departamento de Educación Física y Deportiva y del Grupo Profith del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS). El trabajo ha sido liderado por los investigadores Bruno Bizzozero Peroni y Valentina Díaz Goñi, de la Universidad de Castilla-La Mancha.

 

El estudio se basa en una revisión sistemática y un metaanálisis que recopila datos de más de cuatro millones de personas, lo que ha permitido sintetizar la evidencia científica disponible sobre la relación entre la capacidad cardiorrespiratoria —la habilidad del organismo para suministrar oxígeno durante el ejercicio físico— y la aparición de enfermedades mentales.

Los resultados muestran que las personas con mejores niveles de condición física presentan un 36 % menos de riesgo de padecer depresión, un 39 % menos de desarrollar demencia y un 29 % menos de sufrir trastornos psicóticos en comparación con aquellas con una peor capacidad cardiorrespiratoria.

Además, los investigadores destacan que incluso pequeñas mejoras en la forma física pueden aportar beneficios relevantes. En concreto, un incremento de un MET —unidad utilizada para medir el gasto energético durante la actividad física— se relaciona con una disminución significativa del riesgo de depresión y demencia.

Según explica el estudio, los efectos positivos del ejercicio no se limitan al sistema cardiovascular, sino que también benefician al cerebro. Entre los mecanismos que podrían explicar esta relación se encuentran la reducción de la inflamación, el aumento de la plasticidad cerebral y el fortalecimiento de estructuras como el hipocampo, fundamental para la memoria y el aprendizaje.

Los autores consideran que estos resultados tienen importantes implicaciones para la salud pública. A su juicio, mejorar la condición física mediante el ejercicio puede convertirse en una estrategia preventiva eficaz, accesible y de bajo coste frente a enfermedades mentales y neurodegenerativas. Asimismo, apuntan que evaluar la capacidad cardiorrespiratoria podría ayudar a identificar de forma precoz a personas con mayor riesgo de desarrollar estas patologías.
No obstante, el trabajo también señala algunas limitaciones. Francisco

Ortega advierte de que todavía existe poca evidencia sobre otros trastornos mentales y sobre determinados grupos de población, como niños, adolescentes o personas mayores. Además, la mayoría de los estudios analizados proceden de Europa y Estados Unidos, por lo que considera necesario ampliar la investigación a otras regiones para obtener conclusiones más representativas.

Pese a ello, los investigadores consideran que los resultados abren nuevas vías para incorporar la mejora de la condición física cardiorrespiratoria a las políticas de salud pública y a las estrategias de prevención del deterioro cognitivo y los trastornos mentales, reforzando la idea de que el ejercicio físico contribuye no solo a vivir más años, sino también a hacerlo con una mejor salud física y mental.

 
 
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