Un estudio liderado por la UGR identifica biomarcadores en la lágrima que permiten detectar objetivamente la fatiga visual por el uso de pantallas

La investigación revela que 30 minutos de lectura en dispositivos electrónicos aumentan cinco moléculas asociadas a la inflamación, un avance que podría mejorar el diagnóstico del síndrome visual informático

Redacción  |  20 de julio de 2026
(UGR)
(UGR)

Investigadores de la Universidad de Granada (UGR) y de la Universidad Estatal de Nueva York han identificado cambios medibles en la composición de la lágrima asociados a la fatiga visual digital, un trastorno cada vez más frecuente debido al uso intensivo de ordenadores, teléfonos móviles y tabletas. El estudio, publicado en la revista científica Contact Lens and Anterior Eye, supone un importante avance al abrir la puerta a un diagnóstico objetivo de esta afección, que hasta ahora se evaluaba únicamente mediante cuestionarios sobre los síntomas que experimentaban los pacientes.

La fatiga visual digital, también conocida como síndrome visual informático, engloba molestias como sequedad ocular, visión borrosa, picor, escozor, dolor de cabeza, cansancio ocular o dificultad para enfocar tras permanecer largos periodos frente a una pantalla. Aunque se trata de un problema que afecta al rendimiento, la productividad y la calidad de vida de millones de personas, su diagnóstico continúa dependiendo de la percepción subjetiva de cada usuario.

Para desarrollar la investigación, el equipo científico analizó a 24 adultos jóvenes de entre 18 y 30 años, que participaron en cuatro sesiones experimentales realizadas en días diferentes. En cada una de ellas realizaron tareas de lectura durante 30 minutos, tanto en pantallas electrónicas como en papel y con distintos niveles de exigencia cognitiva. Tras cada sesión se recogieron muestras de lágrima de forma no invasiva y se analizaron doce moléculas relacionadas con procesos inflamatorios, además de registrar la sintomatología visual mediante cuestionarios.

 

Cinco moléculas aumentan tras la lectura en pantalla

Los resultados evidenciaron diferencias claras entre la lectura en papel y la realizada en dispositivos electrónicos. Tras la exposición a las pantallas, los investigadores detectaron un incremento significativo de cinco biomarcadores: IL-1α, IL-6, IL-8, TGF-α y TNF-β, moléculas implicadas en procesos de inflamación, respuesta inmunitaria y reparación de tejidos.

El estudio también constató que las tareas que requerían una mayor concentración o esfuerzo mental provocaban un aumento especialmente acusado de los niveles de IL-8 y TNF-β, lo que indica que la carga cognitiva desempeña un papel relevante en la aparición de la fatiga visual, además del propio uso de las pantallas.

Más síntomas y relación directa con los cambios en la lágrima

Los participantes manifestaron un incremento de las molestias visuales tras la lectura digital, entre ellas visión borrosa durante la tarea, dificultad para volver a enfocar al terminar, cansancio ocular y una mayor sensación de esfuerzo visual.

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que algunas de las moléculas analizadas mostraron una relación directa con la intensidad de los síntomas descritos por los participantes: cuanto mayor era la alteración en la composición de la lágrima, mayores eran las molestias percibidas. Según los investigadores, este hallazgo refuerza la posibilidad de utilizar estos biomarcadores como una herramienta objetiva para diagnosticar la fatiga visual digital.

El parpadeo, una de las claves

Los autores del estudio apuntan a que estos cambios fisiológicos podrían deberse, en parte, a la reducción de la frecuencia del parpadeo y a que este se realiza de forma incompleta cuando se utilizan dispositivos electrónicos durante periodos prolongados. Esta situación favorece la evaporación de la película lagrimal y la irritación de la superficie ocular.

A ello se suman otros factores como el brillo de las pantallas, el contraste, la iluminación ambiental, la atención sostenida y la elevada exigencia visual de muchas tareas digitales, que pueden desencadenar una respuesta inflamatoria leve pero detectable.

Con el tiempo de exposición a las pantallas aumentando de forma constante entre estudiantes, trabajadores y usuarios habituales de dispositivos móviles, los investigadores consideran que comprender estos cambios fisiológicos será fundamental para desarrollar nuevas herramientas de diagnóstico y estrategias de prevención que ayuden a proteger la salud visual de la población.

 
 
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