Un estudio revisa la mortalidad de la fauna fósil de Orce y apunta al impacto de los primeros humanos
La investigación, liderada por la UGR, detecta diferencias entre yacimientos que podrían reflejar cambios ecológicos en el Pleistoceno Inferior
Un equipo científico internacional ha analizado los patrones de mortalidad de la fauna fósil de los yacimientos de Orce, en Granada, con el objetivo de revisar las interpretaciones sobre la formación de estos enclaves y el papel que desempeñaron en ellos los primeros pobladores de Europa.
El estudio, publicado en la revista Historical Biology y liderado por Darío Herranz Rodrigo, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada (UGR), abre nuevas perspectivas sobre la complejidad del comportamiento animal y, especialmente, sobre el impacto de la presencia humana en los ecosistemas del Pleistoceno Inferior.
Los resultados muestran diferencias significativas entre los yacimientos de Barranco León y Fuente Nueva-3 frente a Venta Micena. Según los investigadores, estas variaciones podrían estar relacionadas con la actividad humana, lo que sugiere que la llegada de los primeros grupos humanos modificó las dinámicas ecológicas y las interacciones entre especies.
El análisis de los patrones de mortalidad —una herramienta clave en arqueología para interpretar las causas de muerte en poblaciones animales— distingue entre mortalidad normal, que afecta principalmente a individuos vulnerables, y mortalidad catastrófica, provocada por eventos puntuales que impactan a toda la población por igual.
En el caso de Venta Micena 3, los datos refuerzan la hipótesis de que el yacimiento funcionó como cubil de la hiena gigante de cara corta (Pachycrocuta brevirostris). Sin embargo, los investigadores han detectado diferencias respecto a los patrones de la hiena manchada actual (Crocuta crocuta), lo que podría explicarse por distintas estrategias de comportamiento y alimentación.
Por su parte, Venta Micena 4 presenta un escenario distinto, vinculado a un entorno de actividades diversas asociado a la presencia de cánidos como Canis mosbachensis o Xenocyon lycaonoides. Este enclave habría sido una zona próxima a antiguos humedales, frecuentada por grandes herbívoros y, en consecuencia, por carnívoros atraídos por oportunidades de caza y carroñeo.
En cuanto a Barranco León y Fuente Nueva-3, los investigadores se muestran más cautos debido al menor número de restos fósiles disponibles. En el primer caso, donde predominan los équidos, las causas de mortalidad podrían deberse a un evento catastrófico, a la acción de depredadores especializados o a sesgos en la conservación del registro fósil.
El estudio subraya la necesidad de abordar estos análisis desde una perspectiva interdisciplinar, ya que los procesos geológicos pueden distorsionar la información disponible. Asimismo, apunta a futuras investigaciones que permitan ampliar la muestra fósil y profundizar en el conocimiento de estos yacimientos clave para entender los primeros asentamientos humanos en Europa.
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