La Universidad de Granada participa en un estudio que demuestra que planear puede ser más eficiente que nadar
Una investigación publicada en la revista Science analiza el coste energético del desplazamiento de aves y murciélagos en libertad y revela que las corrientes atmosféricas pueden reducir drásticamente la energía necesaria para volar
Un cóndor andino y un cisne pueden pesar alrededor de 11 kilogramos y, sin embargo, presentar diferencias enormes en el gasto energético durante sus desplazamientos. El cóndor utiliza aproximadamente una quinta parte de la energía que necesita el cisne para recorrer cada kilómetro en vuelo. La clave está en cómo aprovechan el aire: mientras el cóndor utiliza las corrientes térmicas ascendentes y apenas aletea durante el 0,1 % de su tiempo de vuelo, el cisne depende del aleteo durante aproximadamente el 99 %.
Esta diferencia es uno de los ejemplos que recoge un estudio internacional con participación de la Universidad de Granada (UGR) que demuestra que, en condiciones naturales, el vuelo planeado puede ser incluso más eficiente energéticamente que nadar.
La investigación, publicada en la revista científica Science y liderada por especialistas del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (MPI-AB) y la Universidad de Swansea, analiza datos de seguimiento de animales silvestres para evaluar cómo las condiciones atmosféricas influyen en el coste energético de los desplazamientos.
El aire, un recurso esencial para ahorrar energía
«Para nosotros, el cielo puede parecer simplemente el fondo donde se mueven los animales voladores, pero es un recurso esencial que puede cambiar drásticamente el coste de un viaje», explica la primera autora del estudio, la doctora Martina Scacco.
Hasta ahora, los libros de texto han clasificado las formas de desplazamiento animal atendiendo a su coste energético: nadar se considera generalmente la opción más barata, seguido del vuelo, mientras que correr suele implicar un mayor gasto. Esta clasificación se basa principalmente en mediciones realizadas en laboratorios, con animales en tanques de agua, túneles de viento o cintas de correr.
Sin embargo, el nuevo trabajo muestra que el orden puede cambiar cuando se estudia a los animales en libertad, donde las condiciones atmosféricas y la posibilidad de aprovechar las corrientes de aire modifican sustancialmente el esfuerzo necesario para desplazarse.
Aunque los modelos basados en la masa corporal permitirían esperar un gasto similar en un cóndor y un cisne de peso comparable, sus estrategias de vuelo producen resultados muy diferentes. Según el estudio, el coste energético de transporte del cóndor es un 79 % menor que el del cisne.
Las corrientes ascendentes funcionan así como una fuente de energía que permite a las aves planeadoras recorrer grandes distancias con un esfuerzo muscular reducido. El trabajo subraya que ignorar las condiciones reales del entorno puede llevar a interpretar de forma incompleta cómo se desplazan los animales.
Un análisis global con datos de décadas de seguimiento
La investigación combina 17 años de datos de seguimiento mediante GPS y acelerómetros de 850 aves y murciélagos pertenecientes a 38 especies, junto con cuatro años de registros obtenidos mediante radar. En conjunto, el estudio examina el coste energético del desplazamiento de 50 especies, con animales cuyo peso oscila entre unos 12 gramos y más de 11 kilogramos.
En el proyecto han participado 68 investigadores de distintos países. La contribución española ha incluido datos de vuelo de buitres y cigüeñas aportados por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), la Universidad Miguel Hernández (UMH) y la Universidad de Granada.
El investigador de la UGR Eneko Arrondo, del Departamento de Zoología y firmante del artículo, destaca la importancia de las condiciones atmosféricas para comprender los movimientos de las especies.
«Al cambiar las condiciones atmosféricas, cambia el coste energético del vuelo de los animales y esto afecta a cuestiones fundamentales como las rutas migratorias o las áreas de campeo», señala.
Los resultados ofrecen herramientas para estudiar cómo las variaciones del viento y de las corrientes ascendentes pueden modificar las rutas, los tiempos y las áreas de desplazamiento de los animales. También abren nuevas vías para analizar cómo el cambio climático podría alterar sus movimientos en el futuro.
Cómo se mide el coste energético del vuelo
Para estimar la energía que consume cada animal, el equipo ha utilizado acelerómetros capaces de distinguir el aleteo del planeo. El primero requiere un esfuerzo muscular considerable, mientras que el segundo permite aprovechar las condiciones del aire para mantener el desplazamiento con un gasto menor.
Los investigadores han combinado estos registros con datos GPS para relacionar cada tramo de vuelo con el viento y las corrientes ascendentes que los animales encontraron durante su recorrido. De este modo, han calculado cuánto tiempo pasan aleteando o planeando y han estimado la energía consumida por unidad de distancia: el denominado coste de transporte.
Esta metodología permite comparar los desplazamientos animales de una forma similar a la empleada para evaluar la eficiencia energética de distintos medios de transporte.
El análisis distingue dos grandes grupos: las aves planeadoras y las aves que dependen del aleteo. En las primeras, el tamaño corporal tiene una influencia destacada: cuanto mayor es el ave, menor suele ser la proporción de tiempo que necesita aletear y, por tanto, más bajo puede resultar su coste de transporte.
Los buitres recorren millones de kilómetros con muy poco aleteo
Los buitres ofrecen uno de los ejemplos más llamativos del estudio. Las siete especies analizadas acumularon conjuntamente 128.000 días de vuelo y más de 4,3 millones de kilómetros, una distancia equivalente a dar más de cien vueltas a la Tierra.
Pese a esos recorridos, las aves aletearon únicamente entre el 0,1 % y el 7 % de su tiempo de vuelo. El cóndor andino, la especie de mayor tamaño entre las analizadas, fue también la que menos recurrió al aleteo.
La explicación está en su capacidad para aprovechar las columnas de aire ascendente, que les permiten ganar altura y avanzar sin tener que batir continuamente las alas. Cuando las condiciones son favorables, estas aves pueden reducir su gasto energético a niveles muy bajos.
No obstante, esta estrategia también presenta limitaciones: cuanto mayor es el ave planeadora, más condicionados pueden estar sus desplazamientos por la disponibilidad de corrientes ascendentes y por las condiciones meteorológicas.
En la península ibérica, el equipo español ha aportado información procedente de más de una década de seguimiento de decenas de buitres leonados (Gyps fulvus) y cigüeñas blancas (Ciconia ciconia), dos especies representativas del vuelo planeado.
Las aves aleteadoras dependen más del viento
Frente a las planeadoras, las aves que dependen del aleteo utilizan una estrategia que les permite desenvolverse en condiciones más variables, aunque con un coste energético generalmente mayor.
En este grupo, el viento es uno de los factores que más influye en el gasto de transporte. Los vientos de cola favorecen el desplazamiento, mientras que los vientos de frente aumentan la resistencia y obligan a realizar un mayor esfuerzo. Por ello, las condiciones atmosféricas pueden tanto reducir como incrementar la energía necesaria para volar.
El estudio proporciona un marco para investigar las diferencias entre ambas estrategias y las compensaciones que implica cada una. También puede ayudar a identificar mecanismos de ahorro energético todavía poco conocidos y a comprender mejor cómo las especies adaptan sus movimientos a las condiciones ambientales.
Sus conclusiones refuerzan una idea fundamental: volar no tiene un coste energético fijo. La eficiencia depende no solo del tamaño y la fisiología del animal, sino también de su capacidad para aprovechar la energía disponible en la atmósfera.
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