Un estudio de la UGR alerta de que la depresión, la ansiedad y el trastorno bipolar elevan un 72% el riesgo de accidente de tráfico

Un informe elaborado para la DGT advierte también de que algunos antidepresivos sedantes provocan efectos sobre la conducción comparables a los de altas tasas de alcohol

Redacción  |  26 de junio de 2026
Conductor al volante de un coche. Archivo (UGR)
Conductor al volante de un coche. Archivo (UGR)

Un equipo de investigadoras de la Universidad de Granada (UGR) ha elaborado para la Dirección General de Tráfico (DGT) un informe que concluye que los conductores con depresión, ansiedad o trastorno bipolar presentan un riesgo de siniestralidad vial un 72% superior al de la población sin estas patologías. El trabajo analiza la relación entre la salud mental, los tratamientos farmacológicos y la seguridad al volante.

El estudio, desarrollado por científicas del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la UGR, lleva por título 'Condiciones psicofísicas de los conductores con trastorno de estados de ánimo y ansiedad' y constituye una amplia revisión sobre el impacto de estos trastornos en la capacidad para conducir.

 

Las investigadoras advierten de que las enfermedades mentales afectan aproximadamente al 34% de la población española, aunque únicamente el 0,63% de las personas que renuevan el permiso de conducir comunican padecer alguno de estos trastornos en los Centros de Reconocimiento de Conductores, lo que, a su juicio, evidencia una posible infraestimación del problema.

El informe señala que la depresión mayor puede afectar a funciones esenciales para una conducción segura, como la atención sostenida, la velocidad de reacción y la capacidad para tomar decisiones.

En el caso de los trastornos de ansiedad, se han detectado problemas de control de la atención y una disminución de la confianza al volante, mientras que las personas con trastorno bipolar continúan presentando alteraciones en la atención y el procesamiento de la información incluso durante los periodos de estabilidad clínica.

No obstante, los experimentos realizados con simuladores y pruebas en carretera reflejan que las personas con depresión parcialmente remitida pueden recuperar unas capacidades de conducción similares a las de conductores sin esta enfermedad, siempre que mantengan una adecuada estabilidad clínica y funcional.

El impacto de la medicación

Uno de los aspectos más relevantes del informe analiza el efecto de determinados psicofármacos sobre la conducción. Las investigadoras destacan que algunos antidepresivos con efecto sedante, así como las benzodiacepinas y los hipnóticos, alteran temporalmente las capacidades psicomotoras necesarias para conducir con seguridad.

Entre los efectos descritos figuran somnolencia, reducción del estado de alerta, ralentización de los reflejos, problemas de coordinación y un mayor movimiento irregular del vehículo.

El estudio concluye que algunos antidepresivos sedantes incrementan la desviación lateral del vehículo hasta niveles comparables a los observados en conductores con elevadas tasas de alcohol en sangre. Además, advierte de que la combinación de antidepresivos y benzodiacepinas intensifica el deterioro de la conducción, aumentando especialmente el riesgo de accidente entre conductores jóvenes y personas de edad avanzada.

Por el contrario, los antidepresivos no sedantes no parecen producir alteraciones significativas en el rendimiento al volante.

Pese a ello, las autoras subrayan que recibir tratamiento farmacológico no debe interpretarse automáticamente como una contraindicación para conducir, sino que la aptitud debe evaluarse de manera individualizada, teniendo en cuenta el estado clínico del paciente, su adaptación al tratamiento y el seguimiento realizado por los profesionales sanitarios.

 
 
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