Un estudio de la Universidad de Granada vincula componentes de plásticos y cosméticos con un mayor riesgo de pubertad precoz en niñas
La investigación revela que niveles elevados de bisfenol A y benzofenonas se asocian con un adelanto del desarrollo mamario y de la pubertad
Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Granada ha encontrado una asociación entre la exposición a determinadas sustancias químicas presentes en plásticos, envases y productos cosméticos y un mayor riesgo de pubertad precoz en niñas. Los resultados, publicados recientemente en la revista científica European Journal of Pediatrics, apuntan especialmente al papel del bisfenol A (BPA) y las benzofenonas como posibles factores relacionados con el adelanto del desarrollo sexual femenino.
La investigación concluye que las niñas con mayores concentraciones de BPA y benzofenonas en la orina presentan una probabilidad significativamente superior de desarrollar pubertad precoz o telarquia prematura, es decir, la aparición temprana del desarrollo mamario.
El trabajo ha sido coordinado por la profesora Carmen Freire, del Departamento de Medicina Legal, Toxicología y Antropología Física de la Universidad de Granada, y ha contado con la participación de especialistas en endocrinología pediátrica de seis hospitales españoles, entre ellos el Hospital Clínico San Cecilio de Granada. La investigación ha sido financiada por el Instituto de Salud Carlos III.
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores analizaron muestras de orina de 310 niñas, de las cuales 182 tenían entre 4 y 8 años y habían sido diagnosticadas de pubertad precoz, telarquia prematura u otras variantes relacionadas con el adelanto puberal. Las 128 restantes formaron el grupo de control al no presentar estos trastornos.
Los resultados muestran que el riesgo de presentar signos de adelanto puberal aumenta un 44% por cada duplicación de los niveles de BPA en la orina. En el caso específico de la pubertad precoz, el incremento del riesgo alcanza el 69%, mientras que para la telarquia prematura se sitúa en el 29%.
Por su parte, las benzofenonas, utilizadas habitualmente como filtros ultravioleta en productos cosméticos y de cuidado personal, se relacionan con un riesgo aproximadamente tres veces superior de sufrir pubertad precoz cuando se detectan concentraciones elevadas en el organismo.
Los investigadores recuerdan que estas sustancias forman parte del grupo de los denominados disruptores endocrinos, compuestos químicos capaces de alterar el funcionamiento normal del sistema hormonal. En el caso del BPA y las benzofenonas, su actividad estrogénica podría influir en los mecanismos biológicos que regulan el inicio de la pubertad.
Además del análisis individual de cada sustancia, el estudio evaluó el efecto combinado de diferentes compuestos fenólicos —entre ellos bisfenoles, parabenos y benzofenonas— junto a varios metales. Los resultados indican que la exposición conjunta a estas sustancias incrementa el riesgo de adelanto puberal en un 20%, siendo el BPA el compuesto que más contribuye a este efecto.
Los autores destacan que la pubertad precoz no solo altera el desarrollo normal durante la infancia, sino que también puede tener consecuencias a largo plazo. Entre ellas figuran problemas psicológicos durante la adolescencia y un mayor riesgo de padecer enfermedades hormonodependientes en la edad adulta, como determinados tipos de cáncer de mama.
La investigación cobra especial relevancia en un contexto en el que numerosos estudios científicos han detectado una tendencia al adelanto de la pubertad en las últimas décadas, especialmente entre las niñas, mientras aumenta la presencia de estos casos en las consultas de endocrinología pediátrica.
Aunque la Unión Europea prohibió desde enero de 2025 el uso de BPA en materiales destinados al contacto con alimentos, como determinados envases y latas, los investigadores advierten de que las fuentes de exposición siguen siendo múltiples y todavía no existe certeza sobre la seguridad de los niveles actuales de exposición para la población infantil.
Por ello, los responsables del estudio consideran necesario continuar investigando los efectos de los disruptores endocrinos y otros contaminantes ambientales, especialmente cuando actúan de forma combinada, para comprender mejor su influencia en el desarrollo infantil y establecer medidas de protección más eficaces para la salud pública.
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