El ADN de una piel de cabra de hace 7.000 años hallada en Granada revela su parentesco genético con una raza asturiana
Una investigación internacional identifica una cabra doméstica del Neolítico en la Cueva de los Murciélagos de Albuñol
Una investigación internacional ha conseguido recuperar y analizar el ADN de una piel de cabra de aproximadamente 7.000 años de antigüedad encontrada en la Cueva de los Murciélagos de Albuñol, en la provincia de Granada. Los resultados han permitido identificar al animal como una hembra de cabra doméstica y descubrir una sorprendente afinidad genética con la Cabra Bermeya, una raza autóctona que actualmente se conserva en Asturias.
El estudio, publicado en la revista científica PLoS One, supone un avance en el conocimiento de la introducción y evolución de la ganadería durante el Neolítico en la península ibérica y demuestra las excepcionales condiciones de conservación de los materiales orgánicos encontrados en esta cavidad granadina.
La investigación cuenta con la participación de especialistas de la Universidad de Alcalá, University College Dublin, Trinity College Dublin, Durham University, la Universidad de Córdoba y la Universidad de Granada, entre otras instituciones.
Una piel manipulada por humanos hace siete milenios
Los materiales analizados corresponden a dos fragmentos de piel que todavía conservan pelo en una de sus caras y presentan señales evidentes de manipulación humana.
Entre estas marcas destacan indicios de curtido y cuatro perforaciones realizadas deliberadamente, lo que sugiere que la piel fue trabajada y utilizada por las comunidades que habitaban el territorio durante el Neolítico.
La datación mediante radiocarbono ha situado los restos hace unos 7.000 años, coincidiendo con las primeras etapas de expansión de las sociedades agrícolas y ganaderas por el sur de la península ibérica.
Por sus características y el contexto arqueológico en el que apareció, los investigadores consideran que la piel pudo formar parte de un ajuar funerario, aunque esta interpretación todavía se mantiene como hipótesis.
El análisis confirma que pertenecía a una cabra doméstica
Uno de los principales objetivos del trabajo era determinar si la piel correspondía a una cabra doméstica (Capra hircus) o a una cabra montés ibérica (Capra pyrenaica), especie salvaje que ya habitaba la península antes de la llegada de la ganadería.
Los análisis genéticos han confirmado que pertenecía a una hembra de cabra doméstica con ascendencia europea.
Su perfil genético muestra una mayor proximidad a las poblaciones domésticas europeas que a la cabra montés ibérica, lo que aporta información sobre los animales que acompañaron a las primeras comunidades ganaderas asentadas en el territorio.
Una conexión genética con la Cabra Bermeya de Asturias
Uno de los resultados más llamativos ha surgido al comparar el ADN del ejemplar prehistórico con el de numerosas razas caprinas actuales.
Los investigadores han comprobado que la cabra encontrada en Albuñol se sitúa dentro de la diversidad genética de las poblaciones domésticas europeas y presenta una especial afinidad con la Cabra Bermeya, raza autóctona del Principado de Asturias.
También se han detectado similitudes importantes con otras razas europeas, especialmente las procedentes del sur del continente.
Los científicos consideran que esta relación podría reflejar la existencia de poblaciones caprinas neolíticas vinculadas genéticamente con los antepasados de algunas razas actuales.
Sin embargo, advierten de que el resultado no significa que la Cabra Bermeya descienda directamente del animal encontrado en Granada, sino que ambas podrían compartir parte de su ascendencia genética.
Para confirmar esta posible continuidad a lo largo de miles de años será necesario analizar nuevos restos arqueológicos.
El proyecto ha contado con la colaboración de la Asociación de Criadores de Cabra Bermeya (ACRIBER), entidad dedicada a la conservación de esta raza asturiana y responsable de la gestión de su libro genealógico.
Nuevas pistas sobre la llegada de la ganadería a la península
El estudio también ha permitido profundizar en la historia de las poblaciones caprinas domésticas de la península ibérica.
Los investigadores han observado que el ejemplar de Albuñol no presenta la afinidad genética con poblaciones africanas que sí se detecta en determinadas razas españolas actuales.
Este resultado plantea la posibilidad de que parte de la ascendencia africana presente en algunas poblaciones caprinas ibéricas se incorporase después de las primeras fases del Neolítico.
De esta manera, el ADN recuperado en Granada aporta nuevas pistas sobre los movimientos de animales domésticos, las relaciones entre poblaciones ganaderas y los cambios genéticos producidos a lo largo de la Prehistoria.
También se ha recuperado ADN humano
Otro de los hallazgos relevantes de la investigación es la identificación de pequeñas cantidades de ADN humano asociado a la piel.
Aunque la información genética recuperada es limitada, los especialistas consideran que probablemente procede del contacto de personas que manipularon el objeto en el pasado.
La presencia de este material genético, junto con las señales de curtido y las perforaciones, refuerza la hipótesis de que la piel fue utilizada por seres humanos antes de quedar depositada en la cueva.
Los investigadores apuntan a su posible utilización como parte de un ajuar funerario, aunque no se ha podido determinar con certeza cuál fue su función original.
La Cueva de los Murciélagos, un archivo excepcional de la Prehistoria
Más allá de los resultados relacionados con la ganadería, el descubrimiento tiene una especial importancia científica por la antigüedad y el estado de conservación del ADN recuperado.
La piel de Albuñol ha proporcionado uno de los registros de ADN nuclear más antiguos obtenidos de tejido orgánico desecado fuera de ambientes permanentemente congelados o de alta montaña.
Este hecho resulta especialmente significativo porque las condiciones secas y cálidas suelen dificultar la conservación del material genético durante periodos tan prolongados.
Sin embargo, la Cueva de los Murciélagos ha permitido preservar durante milenios materiales que habitualmente desaparecen de los yacimientos arqueológicos.
En su interior se han encontrado pieles, fibras vegetales, madera, cestería, insectos y otros restos orgánicos que ofrecen una visión excepcional de la vida cotidiana de las comunidades prehistóricas.
El análisis de estos materiales permite estudiar aspectos relacionados con la alimentación, la ganadería, las técnicas artesanales y las prácticas funerarias que difícilmente pueden reconstruirse únicamente a partir de herramientas de piedra o fragmentos cerámicos.
Una investigación internacional con participación granadina
El trabajo se ha desarrollado dentro de los proyectos De los museos al territorio: actualizando el estudio de la Cueva de los Murciélagos de Albuñol (Granada) (MUTERMUR) y La Cueva de los Murciélagos de Albuñol: una ventana única a la Prehistoria del sur de Europa (MUTERMUR 2.0).
Ambas iniciativas cuentan con financiación de la Comunidad de Madrid y la Universidad de Alcalá, además de la colaboración de diferentes instituciones académicas nacionales e internacionales.
Los resultados consolidan el valor científico de la Cueva de los Murciélagos de Albuñol como uno de los yacimientos más relevantes para investigar las primeras sociedades agrícolas y ganaderas del sur de Europa.
La recuperación de ADN de una piel conservada durante siete milenios abre nuevas posibilidades para estudiar la evolución de los animales domésticos y reconstruir la relación que las comunidades prehistóricas mantenían con su entorno.
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