La UGR identifica una huella molecular en sangre asociada a una mayor capacidad cardiorrespiratoria
Un estudio internacional publicado en ‘Circulation: Genomic and Precision Medicine’ relaciona determinados perfiles moleculares con una reducción del riesgo de mortalidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y cáncer colorrectal
Cada sesión de ejercicio físico provoca adaptaciones en el organismo que dejan una huella en las moléculas que circulan por la sangre. Un equipo científico internacional, con participación de investigadores de la Universidad de Granada (UGR), ha identificado un perfil molecular asociado a la capacidad cardiorrespiratoria y relacionado con el riesgo futuro de mortalidad y de desarrollar distintas enfermedades crónicas.
En la investigación han participado especialistas del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS) y del Centro de Investigación Biomédica (CIBM) de la UGR, junto con científicos de la Universidad de Almería, el Leiden University Medical Center (Países Bajos), la Universidad de Oxford (Reino Unido), la Universidad de Maranhão (Brasil) y el CIBER de Obesidad (CIBEROBN).
Los resultados, publicados en la revista científica Circulation: Genomic and Precision Medicine, de la Asociación Americana del Corazón, abren nuevas vías para estudiar cómo los análisis moleculares de sangre podrían contribuir en el futuro a evaluar la capacidad cardiorrespiratoria y complementar la valoración del riesgo de enfermedad.
Una huella molecular relacionada con la capacidad cardiorrespiratoria
La capacidad cardiorrespiratoria refleja la capacidad del organismo para captar y utilizar oxígeno durante el ejercicio. Aunque tradicionalmente se ha vinculado al rendimiento deportivo, también constituye un importante indicador de salud, ya que los niveles más elevados se asocian con una mayor esperanza de vida y un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y determinados tipos de cáncer.
Sin embargo, su evaluación precisa suele requerir una prueba de esfuerzo máxima, que no se realiza de forma habitual en la práctica clínica. Por ello, la investigación busca identificar biomarcadores sanguíneos que permitan estimarla de manera más sencilla y accesible.
«Nuestros órganos se comunican a través de las moléculas que circulan por la sangre. Gracias a las tecnologías ómicas, hoy sabemos que estas forman una huella que refleja el estado fisiológico del organismo y cambia con factores como la alimentación, el envejecimiento o el ejercicio», explica Carmen Piernas, investigadora del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular II de la UGR.
La científica plantea así una cuestión central para el estudio: si ese perfil molecular puede reflejar también el nivel de capacidad cardiorrespiratoria de una persona.
Por su parte, Sergio Miras Moreno, investigador del Departamento de Educación Física y Deportiva y del iMUDS de la UGR y autor principal del trabajo, destaca que la identificación de estos biomarcadores podría contribuir a desarrollar métodos complementarios para valorar la salud.
Más de 54.000 personas analizadas y nueve años de seguimiento
Para investigar esta relación, el equipo recurrió a datos del UK Biobank, una gran base de datos biomédicos del Reino Unido. Aunque el trabajo recopiló información de más de 400.000 participantes, el análisis descrito en el estudio se centró en 54.321 personas.
Los investigadores observaron que quienes presentaban una mayor capacidad cardiorrespiratoria mostraban una huella molecular diferenciada. Este perfil se caracterizaba por menores niveles de moléculas relacionadas con la inflamación y por un metabolismo de los lípidos más favorable, con lipoproteínas que transportaban menos triglicéridos.
Asimismo, las proteínas circulantes mostraban una menor actividad de rutas asociadas a la inflamación, el envejecimiento vascular y el estrés celular. En conjunto, los resultados apuntan a un organismo con una mayor flexibilidad metabólica y una gestión más eficiente de la energía.
El equipo también estudió la relación entre estos perfiles moleculares y la evolución de la salud de los participantes durante un seguimiento de nueve años.
Menor riesgo de mortalidad y enfermedades crónicas
Según los resultados, las personas cuyo perfil molecular estaba asociado a una mejor capacidad cardiorrespiratoria presentaron un 39 % menos de riesgo de mortalidad durante el periodo estudiado.
Los investigadores también observaron asociaciones con una menor probabilidad de desarrollar distintas enfermedades crónicas: un 90 % menos de riesgo de diabetes tipo 2, un 42 % menos de enfermedades cardiovasculares y un 33 % menos de cáncer colorrectal.
Estas cifras reflejan las asociaciones observadas en el estudio y no demuestran, por sí solas, que la huella molecular cause una reducción del riesgo ni que permita predecir con certeza la evolución individual de cada paciente.
«Los resultados son consistentes: aquellas personas que presentan una huella molecular compatible con una mejor capacidad cardiorrespiratoria también muestran un menor riesgo de mortalidad y de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles», señala Sergio Miras Moreno.
Hacia nuevas herramientas para evaluar la salud
Los investigadores consideran que estos hallazgos acercan la posibilidad de que, en el futuro, un análisis de sangre pueda complementar la evaluación de la capacidad cardiorrespiratoria y aportar información adicional sobre el riesgo de desarrollar determinadas enfermedades.
No obstante, esta aplicación todavía requiere más investigación y validación antes de incorporarse a la práctica clínica. El estudio identifica asociaciones entre los perfiles moleculares y los indicadores de salud, pero no establece todavía una prueba diagnóstica de uso rutinario.
La investigación refuerza el interés de las tecnologías ómicas para comprender cómo responde el organismo al ejercicio físico y cómo esos cambios moleculares pueden ayudar a identificar patrones relacionados con la salud a largo plazo.
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